Cuatro

Por la acera contraria va caminando un chico con ropa deportiva. Es bajito, moreno, y tendrá unos veintitrés o veinticuatro años. Cruza de pronto y me fijo en que camina cojeando o como si padeciera algún tipo de parálisis. Parece una cojera de esas que hacen que la persona se arrastre con dificultad. Pero luego echa a correr, solo unos pasos, y me adelanta. Ha corrido con total normalidad, así que he pensado que la cojera era fingida. Lo que no entiendo es por qué habría querido fingir una cojera, aun cuando pudiera haberme visto mirándolo. Luego, a unos pasos por delante de mí, hace unos movimientos extraños con los hombros y los brazos, como si estuviera ensayando lo que me parece boxeo; pienso entonces que, en esa calle estrecha y oscura, podría volverse y amenazarme de algún modo, como si sus movimientos tuvieran algo retador. Pero enseguida se recompone y da unos pasos caminando con normalidad. En ese momento lo llaman desde un coche aparcado a la izquierda, en el que no parecía haber nadie. Se acerca y se agacha para hablar a través de la ventanilla con quien lo ha llamado. No sé en qué idioma. Yo sigo caminando hacia mi casa y aquí termina esta historia de un encuentro no menos absurdo que intrigante.

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2 respuestas a Cuatro

  1. Estudiante de Salamanca dijo:

    Felicidades por el nuevo blog. Qué pena que solo vayas a publicar una entrada cada semana. ¿No podrías agilizarlo más? Algunos lectores te lo agradecerían. Un saludo. M.

  2. Amigo estudiante: gracias por tu comentario. En principio he optado por un “ritmo lento” de publicación de los fragmentos porque entiendo que, de este modo, tal vez canse menos a los posibles lectores de esta novela-blog. De todas formas, no voy a ser estricto en la periodicidad semanal. Quien dice siete días dice cuatro o cinco. Aunque “Las llaves del amanecer” está ya íntegramente escrito, y no tengo intención de añadir nada –tal vez tan solo pulir algúna frase torpe o incluso suprimir algún fragmento defectuoso–, prefiero reproducir aquí el ritmo de la escritura original del libro, que fue algo errático. A medida que iba viviendo determinadas experiencias iba escribiendo fragmentos que me ayudaban a comprenderlas mejor. Me temo que tendrás que ser paciente. Ya sabes lo que dicen sobre la madre de las virtudes. Un saludo.

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