Tres

En cuál de esas ventanas, cubiertas con cortinas vaporosas, puede haber para ti una señal de aliento. Ese balcón, el otro, aquel de allá están dormidos mientras dentro el salón resplandece con la luz de una ausencia: televisores que parpadean junto a cocinas estrechas en las que se repite un ritual todas las noches. Es otro mundo, es todo lo que no tienes. Y lo poco que tienes (tu cuerpo, no demasiado bien alimentado, ya bastante descuidado en razón de un cierto desaliento frente a los demás; tu mirada, parte de tu cuerpo; tu presencia, debida a tu cuerpo; tu precario entusiasmo, a pesar de tu cuerpo) se desliza sin querer pensar demasiado en esas ventanas que cuelgan detrás de los balcones, iluminadas u oscuras, incitantes e inaccesibles, poderosas y vanas.

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