Diecinueve

A punto de salir hacia el centro. Mi intención es volver a horas prudentes, pues mañana debo estar fuera de casa antes de que llegue la señora de la limpieza hacia las doce y media. La suciedad se ha ido acumulando. Tengo ganas de ver el suelo limpio ya de todas esas motas y hasta pequeños remolinos de polvo que se van depositando sobre todo en los rincones. También sería una buena idea poner un poco de orden en papeles y libros: tirar o archivar aquellos y colocar estos en posición vertical en la estantería (aún hay algo de sitio). En cuanto a la ropa, tendría que deshacerme de alguna camiseta ya bastante gastada o con manchas de grasa aunque de momento no pueda comprarme ninguna nueva. Terminar algunos libros que por distintas razones he dejado a medias me ayudaría a convencerme de que voy quemando algunas naves cuyo ominoso balanceo en las aguas muertas de la rada del alma solo contribuye un día tras otro al desencanto. Si, además, consigo quedarme en casa por la noche, levantarme temprano y dar paseos sin un rumbo concreto a lo largo de todos estos días de vacaciones que acaban de empezar, creo que podré celebrar con garantías la conquista de una nueva fase en mi vida o, al menos, la reducción a cenizas de la fase en que ahora me consumo.

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